Machakos County
- 26 jun 2015
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Como Cristina aún no había estado, fuimos el fin de semana a Tala, un pueblo en Machackos en el sudeste de Kenia. Es un pueblo 100% africano: arena, calor, casas hechas con chapa y barro, y caras de sorpresa al ver a unos Muzungus (gente blanca) en esos parajes.
Para llegar hasta allí puedes pasarte más de dos horas dentro de un matatu. Los matatus son como los autobuses que todos conocemos, salvo por su pequeño tamaño y el hecho de que si hace falta, te ponen a alguien encima tuyo para tener más clientes sin importar el espacio. Todos los matatus tienen unos altavoces bastante potentes porque eso sí, espacio pequeño pero que el hip hop y rap a todo volumen nunca falten.
Cuando llegamos a Tala, cogimos un piki piki. Los piki pikis son motos que hacen de taxi en el que pueden ir subidos hasta 5 personas. Nos llevó hasta el orfanato Lisha Mtoto de la ONG española Más Por Ellos que se encuentra a las afueras del pueblo. Al vernos, los niños vinieron a abrazarnos y a darnos la bienvenida.



Era la hora de ducharse, ellos mismos ya sabían los turnos y cuando tenían que ir, nosotros sólo teníamos que guiarles un poco por si había algún despistado por el camino. Luego les dábamos de cenar y les ayudábamos a cepillarse los dientes para que finalmente se fueran a la cama. Es la peor hora del día ya que no había ninguno que quisiera irse a dormir. Después de todos los esfuerzos, conseguimos que se calmaran y que al menos estuvieran quietos en la cama.
Ya era hora de cenar para los voluntarios, comimos Githeri (garbanzos con verduras) y estuvimos hablando hasta que se hizo de noche también para nosotros.
Al día siguiente, antes de ir al orfanato de St Francis, fuimos a un festival que habían montado un conjunto de colegios. Todos los chicos estaban muy graciosos con caretas y las chicas disfrazadas con trapos, se les veía en sus caras que se lo tomaban muy en serio.
Aprovechamos un descanso para meternos en un sitio donde había unos bongos típicos africanos y nos pusimos a tocar sin tener ni idea. Los niños no daban crédito del espectáculo que estábamos dando.

Más tarde visitamos el orfanato de St Francis donde niños discapacitados y con falta de recursos económicos pueden tener una cama, comida y un hogar. Allí estuvimos jugando y hablando con ellos. Cris (Ndanu para los del pueblo), una amiga mía voluntaria de Más Por Ellos, nos enseñó todo el trabajo que habían hecho hasta ahora que incluía un espacio de rehabilitación, donde los niños podían hacer ejercicios diariamente para mejorar su movilidad.


Por la noche cogimos el matatu de vuelta a Nairobi. Volvimos llenas de arena por todas partes, pero ¡contentísimas de todo lo que hemos vivido este fin de semana!
Patricia











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